París, 29 diciembre 2006
Hace días que no retomaba las crónicas parisinas pues andaba con un intenso dolor en la rodilla derecha que me impedia desplazarme. En tanto recupero mi computadora, automóvil y demás bienes de mi propiedad, la novela/blog la estoy escribiendo casi en su totalidad en el Centro Georges Pompidou o en la Biblioteca Naciuonal Francois Mitterrand, y como decía, me ha sido dificil desplazarme en este momento.
Decía Ernest Hemingway, que cuando le faltaba inspiración partía con destino a un lugar en donde hubiera acción. De esa manera asistió de manera directa a zonas de alta intensidad: como socorrista de Cruz Roja en la WWII, a la Guerra Civil en España, a los San Fermines -o "pamplonadas", en España-, reside larga temporada en en Cuba, etc. En realidad, mis hijas y yo no andabamos buscando "tres pies al gato", con la vida diplomática nos sobra para entretenernos y estar más que motivados de nuestras existencias. El caso es que ya vamos para 5 años de residencia obligatoria en Francia -o para llamarlo correctamente de acuerdo a Derecho Internacional -de rehenes del gobierno francés- y para colmo con un presupuesto extremadamente raquitico -seguramente esta tortura no es aceptada, ni siquiera por la Convención de Ginebra -que no es la que se encarga de las relaciones entre diplomáticos, sino directamente entre países beligerantes y es sobre el tratamiento humanitario y civilizado que debe haber entre prisioneros de guerra.
El caso es que tenemos que enfrentar la vida diaria con tres centavos o en ocasiones aun sin ellos. Por ejemplo ahora que estamos en Navidad -ya estamos a 29 y aun no hemos podido comprarnos el menor regalo o mañana es el cumpleaños de Inés y aun no sabemos si tendremos de darle un presente.
Después de que Juárez y el ejército liberal mexicano fusiló, en 1867, a Maximiliano de Hasburgo en el Cerro de las Campanas -Querétaro, México- y rompió con ello, el sueño de Napoleón III de colonizar el valle de Anahuác, ya no habíamos tenido conflicto bélico con Francia. Para terminar con todo posible nuevo antojo, nuestros queridos amigos norteamerigringos amenazaron a Napoleón III de no volver a inmiscuirse en asuntos del "vecindario". En otras palabras "no te metas con mi cucu" o "América para los -pobladores- americanos" -Doctrina Monroe-. Como en este momento, lamentablemente Juárez ya no existe, y la diplomacia y justicia mexicana tarda en darnos la protección correspondiente a mis hijas y a mí, al parecer el mejor camino será hacer un llamado S.O.S. a nuestros amigos en Washington D.C., para que nos envíen algunos GI's para protegernos en tanto somos liberados.
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