París, 26 de febrero de 2007
Hace días había elegido el título de esta crónica. Pero esta mañana que decidí desarrollarla, de plano encontré que era de muy mal gusto comparar una flamante Limousine Cadillac con un modesto y económico Renault Twigoo. De plano me pareció de mal gusto hacer leña del árbol caído. Era como comparar Mike Tysson y Madonna con el pobre Abbé Pierre y Patrick Bruel. Para que me entienda mejor, quien lea estas líneas en México. Era como comparar la economía de México con la de Haiti -respectivamente la economía más grande de América Latina y la más pobre-. O comparar la economía española con la senegalesa. Francamente hay que comprar lo comparable y quedarnos en lo politicamente correcto.
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