vendredi 16 mars 2007

Crónicas parisinas XXII/ Libertad de expresión vs Torquemada

París, 1 de abril de 2007


"La libre comunicación de pensamiento y opinión es uno de los derechos más preciados del hombre, por lo tanto, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente". Articulo 11 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 -es decir con 217 años de añejamiento). Principio retomado por la Convención Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas (1948). Texto retomado también por toda constitución, de toda democracia que se respete.



Salvo muy contadas excepciones, la prensa en Francia se encuentra en franco declive. Actualmente se caracteriza por su bajo nivel de crítica y por su maleabilidad. Según me decía una distinguida sociologa, se trata de un problema de hormonas - lo que en froggilandia se dice "des poules mouillées" y en México le decimos "falta de cojones"). Practicamente en este momento es casi imposible encontrar periodistas del nivel de la prensa anglosajona y hasta de destacados columnistas mexicanos. Ni de chiste usted encontrará periodistas de la talla del New York Times, Time, Proceso, Jornada, Global and Mail, The Economist o del Washington Post como los del caso Watergate.

Es decir que a diferencia del siglo XV, en donde Tomás de Torquemada si eliminaba y quemaba en leña verde a cuanta gente se le antojaba por razones religiosas, pero en gran parte por razones políticas, actualmente el Torquemada para la prensa francesa se encuentra en la propia cabeza de los periodistas. Ellos mismo se autocensuran. Un remedio muy apropiado para rescatar la calidad de la prensa y la libertad de expresión, o mejor dicho para ejercerla, al parecer será el incluir en la prensa a toda esa gente que vive en los barrios populares de Francia. En esas zonas, se siguen dando cada lunes y martes batallas campales entre estudiantes, obreros y pobres contra los CRS -granaderos-. El enfrentamiento más reciente fue hace dos días en la Gare de Nord -Estación del Tren del Norte de París-. Seguramente esos ciudadanos tendrán visión más critica y acertada de los males de la sociedad francesa. La prensa froggie en su mayoria cubre estos enfrentamientos como si fueran 100 por ciento actos criminales, cuando en realidad se tratan en su mayor parte de actos de inconformidad social.

Lo que si han conservado, y para mal, es que los periodistas franceses en su gran mayoría son anti-anglosajones y más particularmente se caracterizan por su anti-americanismo trasnochado.

También una costumbre muy arraigada en la prensa francesa es la practica del "chayote". En tanto la palabra "chayote" -en su acepción periodistica- es reconocido por la real academia de la lengua española, les comunico que el chayote en prensa, quiere decir el embute. Sin ninguna duda, el chayote está mucho más presente aquí en Francia, que en México. Por ejemplo, quien le gusta mucho arrosar y darle "maíz para las palomas" -como se dice para los iniciados en medios peridisticos- es al candidato presidencial de la extrema derecha, Nicolas Zabludovsky -conocido también como el "húngaro loco" por sus ataques constantes de migraña y por continuar con su necia locura de secuestrar a niños del continente americano -como les he comentado en otras crónicas. Actualmente a "Nico el húngaro loco" se le ve hasta en la sopa y no obstante su lenguaje tan vulgar y ofensivo contra las minorias -particularmente ataca siempre a los pobres árabes y negros-, sigue gozando de columnas, sondeos y encuestas - por supuesto pagados-, en donde lo muestran como que aún está en la pelea. Con todo esto, debemos preguntarnos: cuales son realmente las Bananas Republic, no les parece?

Con todo este triste panorama de la prensa francesa, los enciclopedistas y los distinguidos miembros de la ilustración, se han de estar revolcando de coraje en el cementario del Pere Lachaise y Picpus.

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